a uno lo desbordó la ansiedad por el inicio del partido, a las 20hs del
Meridiano de Greenwich. Conocí varios españoles, cosa que destruyó
cualquier intención de mejora del inglés de uno, luego confesada por
mi burgués hermano Miguel Ángel.
Unas horas antes del partido, a un brasilero se le ocurrió salir a cenar
a un local de cocina turca y sin embargo ofrecía pizzas, opción que
elegí aquella noche. Justo cuando me di cuenta, estaba llegando al
hostel sobre las 20hs y puse la radio en una emisora argentina que
transmitía el partido, mientras jugaba metegol con los pibes.
Fue una noche mágica, justo cuando el joven Espinoza aseguró
el tanteador a favor del Xeneize. Y ese día fui feliz gracias a Boca,
aún a la distancia.